Agenda 2030 para la transición a la Sostenibilidad: Inflexión positiva versus “Business as usual”

Daniel Gil y Amparo Vilches. Universitat de València

En 2015 han sido adoptados importantes acuerdos internacionales para hacer frente a la situación de emergencia planetaria. Podemos referirnos, en primer lugar, a la aprobación, por la Asamblea General de Naciones Unidas, de unos Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) que intentan dar respuesta al conjunto de graves problemas estrechamente vinculados a los que se enfrenta la humanidad. Para su establecimiento se han tenido en cuenta los logros y limitaciones de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que habían sido aprobados para el periodo 2000-2015. Unos logros (en áreas como la atención médica, la educación o el acceso al agua potable de millones de seres humanos) que, aunque insuficientes, han mostrado la efectividad de establecer unos objetivos planetarios, sometidos a evaluación periódica. Y unas graves limitaciones, como el reduccionismo en su planteamiento (que llevó a ignorar cuestiones capitales, como la problemática demográfica) o la escasa participación social en su elaboración y en el seguimiento de su aplicación. Limitaciones que ahora se intenta evitar.

De hecho, los nuevos ODS aprobados en septiembre de 2015, junto con la Agenda para su puesta en marcha en el periodo 2016-2030, han sido el fruto de un ingente trabajo, con una amplísima participación, que ha implicado a instituciones académicas, sindicatos, ONG, movimientos ciudadanos, etc., y que ha llevado a consensuar 17 grandes Objetivos, con 169 metas concretas que intentan cubrir el conjunto de problemas interconectados, evitando que el olvido de alguno de ellos impida avances reales en el conjunto de los mismos. Y se están elaborando los indicadores cuantitativos que servirán para medir el progreso de cada una de las metas. Además, un mes antes de la aprobación de los ODS, tuvo lugar en Addis Abeba (Etiopía) la Tercera Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo, lográndose serios progresos en el compromiso de los países ricos de incrementar la ayuda internacional para avanzar en objetivos como la lucha contra la desigualdad, el consumo y las formas de producción insostenibles, las infraestructuras deficientes y la falta de trabajo digno en todos los países del mundo.

El progreso en la elaboración de los ODS, respecto a los ODM, resulta, pues, indudable. Y lo mismo puede decirse de uno de los objetivos que exige avances más urgentes: la lucha contra el cambio climático. El acuerdo logrado el 12 de diciembre de 2015 en la cumbre de París ha sido saludado como un importante paso adelante. Así lo han reconocido desde Ban Ki-moon a los representantes de numerosas ONGs como Greenpeace. Pero estos avances iniciales, tanto en lo que respecta a mitigar el cambio climático, como en el resto de los ODS, no garantizan el éxito necesario: se precisan esfuerzos continuados durante largo tiempo que tropiezan con la tendencia –una vez cesa la atención mediática que provocan los eventos puntuales como la Asamblea General de Naciones Unidas o la Cumbre del Clima- a recaer en el “business as usual”, es decir, en nuestras preocupaciones y ocupaciones más habituales. Puede desvanecerse así la posibilidad de una inflexión positiva real en los procesos que ahora nos abocan al colapso, olvidando, por ejemplo, que la transición hacia un nivel bajo de emisiones de carbono nos conduce, como han mostrado expertos como Nicholas Stern, a “un camino para incrementar la calidad de vida y erradicar la pobreza que es más atractivo y emocionante que su muy dañino predecesor, el de las elevadas emisiones de carbono”.

No se trata, por supuesto, de descuidar nuestras ocupaciones habituales, pero la atención a la grave situación de emergencia planetaria y a la necesaria transición a la Sostenibilidad debe convertirse, también, en ocupación permanente, vinculándola a nuestras tareas profesionales y ciudadanas. No tendría sentido que quienes, por ejemplo, investigan y diseñan actividades fundamentadas para generar interés por los estudios científicos, dejaran de hacerlo. Pero tampoco lo tendría que no incorporaran a esa tarea la atención a la problemática de la Sostenibilidad socioambiental, contribuyendo a impulsar el Programa de Acción Global (GAP), promovido por Naciones Unidas para que la educación contribuya al logro de un presente y un futuro sostenibles.

Todos los educadores, de cualquier área y nivel –y muy particularmente quienes nos interesamos por las relaciones CTSA- tenemos una especial responsabilidad en contribuir a que el alumnado y toda la sociedad ejerzan una presión positiva para avanzar en el logro de los ODS. Nuestro boletín habrá de ayudar permanentemente a ello.

Leave a Reply